CoNtAnDo: No La ViDa VeRdAdErA, SiNo La ImAgInArIa... S.


miércoles, 6 de abril de 2011

Permisos explícitos y disculpas no requeridas...


Vaya interacción entre humanos xD, que cuando quieren una cosa desean otra y viceversa, tan trillada es esta acción, pero solo unos cuántos han sabido discernir la sutil línea que marca una verdadera toma de conciencia, bienaventurados los que ya cruzaron y más visión para los que no… bendito sea el instante de templanza porque a partir de ahí se evoluciona.

martes, 5 de abril de 2011

Todo


Comenzó a tratarse de cuestión de fe , y es increíble  porque en estos y anteriores tiempos, la fe no era tan apantallante D: , pero ahora decido darle todo el crédito posible para que me guie hacia la realización de mi objetivo

lunes, 4 de abril de 2011

De presentes...


Una vez el mar me recordaba mi nula existencia, y me confinaba a una dolorosa agonía neurótica, pero pasó el tiempo y todo cambió… y el cambio fue radical!!  ya que hoy el mar me invita a  volar y experimentar mi verdadera identidad llena de luz, color y armonía.

domingo, 3 de abril de 2011


crees entiendo como es
esta bien si asi lo quieres ver
es facil olvidar si no le quieres dar la vuelta
tienes que empezar ya no te queda mas remedio...

Misticismo (EL MUNDO DE SOFIA p.167-169)

Una experiencia mística significa que uno experimenta una
unidad con Dios o con «el alma universal». En muchas religiones
se subraya la existencia de un abismo entre Dios y la obra de la
creación. No obstante, para los místicos no existe este abismo. Él
o ella ha tenido la experiencia de haber sido absorbido por Dios,
o de haberse «fundido» con él.
La idea es que lo que habitualmente llamamos «yo» no es
nuestro verdadero yo. Durante brevísimos momentos podemos
llegar a sentirnos fundidos con un yo mayor, por algunos
místicos llamado «Dios», por otros «alma universal», «naturaleza
universal» o «universo». En el momento de la fusión, el místico
tiene la sensación de “perderse a sí mismo”, de desaparecer en
Dios o desaparecer en Dios de la misma manera que una gota de
agua «se pierde en sí misma» cuando se mezcla con el mar. Un
místico hindú lo expresó de esta manera: «Cuando yo fui, Dios no
fue. Cuando Dios es, yo ya no soy». El místico cristiano Silesius
(1624-1677) lo expresó así: «En mar se convierte cada gota
cuando llega al mar, y así el alma se convierte en Dios cuando
hasta Dios sube». Pensarás que no puede ser muy agradable
«perderse a sí mismo»; entiendo lo que quieres decir. Pero lo que
pasa es que lo que pierdes es muchísimo menos que lo que
ganas. Te pierdes a ti mismo en la forma que tienes en ese
momento, pero al mismo tiempo comprendes que en realidad
eres algo mucho más grande. Tú eres todo el universo; tú eres el
alma universal, querida Sofía. Tú eres Dios. Si tienes que soltar a
Sofía Amundsen, puedes consolarte con que ese «yo cotidiano»
es algo que de todos modos perderás un día. Tu verdadero yo,
que sólo llegarás a conocer si consigues perderte a ti misma, es
según los místicos una especie de fuego maravilloso que arde
eternamente.
Una experiencia mística no llega siempre por su cuenta. A veces
el místico tiene que recorrer «el camino de la purificación y de la
iluminación» al encuentro con Dios. Este camino consiste en una
vida sencilla y diversas técnicas de meditación. De repente el
místico ha alcanzado la meta, y él o ella exclama: «Soy Dios» o
«Soy Tú».
En todas las grandes religiones encontramos corrientes místicas.
Y las descripciones que da el místico de la experiencia mística
presentan un sorprendente parecido a través de las distintas
culturas. La herencia cultural del místico no se percibe hasta que
da una interpretación religiosa o filosófica de su experiencia
mística. En el misticismo occidental, es decir dentro del judaísmo,
cristianismo e Islam, el místico subraya que el Dios con el que se
encuentra es un Dios personal. Aunque Dios está presente en la
naturaleza y en el alma del ser humano, al mismo tiempo está
también muy por encima del mundo.
En el misticismo oriental, es decir dentro del hinduismo, budismo
y religión china, es más habitual subrayar el encuentro entre el
místico y Dios, o «alma universal», como una fusión total). «Yo
soy el alma universal», diría este místico, o «yo soy Dios». Porque
Dios no solamente está presente en el mundo, es que no está en
ninguna otra parte. Particularmente en la India ha habido fuertes
corrientes místicas desde mucho antes de los tiempos de Platón.
Una persona que ha contribuido a traer las ideas del hinduismo a
Occidente, el swami Vivekananda, dijo en una ocasión:
De la misma manera que en determinadas religiones se dice que
una persona que no cree en un Dios personal fuera de sí mismo
es un ateo, nosotros decimos que una persona que no cree en sí
mismo, es un ateo. Nosotros llamamos ateísmo a no creer en la
gloria del alma de uno mismo.
Una experiencia mística también puede tener importancia para la
ética. Un presidente de la India, Radakrishnan, dijo en una
ocasión: «Debes amar a tu prójimo como a ti mismo, porque tú
eres tu prójimo. Es una ilusión hacerte creer que tu prójimo es
algo diferente a ti mismo».
También personas modernas que no pertenecen a ninguna
religión relatan experiencias místicas. Han tenido de repente lo
que llaman «conciencia cósmica» o «sensación oceánica». Han
tenido la sensación de haber sido arrancados del tiempo y han
visto el mundo «bajo el prisma de la eternidad».

sábado, 2 de abril de 2011

El neoplatonismo (EL MUNDO DE SOFIA p.164-167)

Hemos visto cómo tanto los cínicos, como los estoicos y los
epicúreos tenían sus raíces en Sócrates. También recurrieron a
presocráticos como Heráclito y Demócrito. La corriente filosófica
más destacable de la Antigüedad estaba inspirada, sobre todo, en
la teoría de las Ideas. A esta corriente la llamamos neoplatonismo.
El neoplatónico más importante fue Plotino (205-270 d. de C.),
que estudió filosofía en Alejandría, pero que luego se fue a vivir
a Roma. Merece la pena tener en cuenta que venía de Alejandría,
ciudad que ya durante cien años había sido el gran lugar de
encuentro entre la filosofía griega y la mística orientalista.
Plotino se llevó a Roma una teoría sobre la salvación que se
convertiría en una seria competidora del cristianismo, cuando
éste empezara a dejarse notar. Sin embargo, el neoplatonismo
también ejercería una fuerte influencia sobre la teología cristiana.
Te acordarás de la teoría de las Ideas de Platón, Sofía. Recuerda
que él distinguía entre el mundo de los sentidos y el mundo de
las Ideas, introduciendo así una clara distinción entre el alma y el
cuerpo del ser humano. El ser humano es, según él, un ser dual.
Nuestro cuerpo consta de tierra y polvo como todo lo demás
perteneciente al mundo de los sentidos, pero también tenemos
un alma inmortal. Esta idea había sido muy conocida y extendida
entre muchos griegos bastante antes de Platón. Plotino, por su
parte, conocía ideas parecidas provenientes de Asia.
Plotino pensaba que el mundo está en tensión entre dos polos.
En un extremo se encuentra la luz divina, que él llama «Uno».
Otras veces la llama «Dios». En el otro extremo está la oscuridad
total, a donde no llega nada de la luz del Uno. Ahora bien, el
punto clave de Plotino es que esta oscuridad, en realidad, no
tiene existencia alguna. Se trata simplemente de una ausencia de
luz, es algo que no es. Lo único que existe es Dios o el Uno; y de
la misma manera que una fuente de luz se va perdiendo
gradualmente en la oscuridad, existe en algún sitio un límite
donde ya no llegan los rayos de la luz divina.
Según Plotino el alma está iluminada por la luz del Uno, y la
materia es la oscuridad, que en realidad no tiene existencia
alguna. Pero también las formas de la naturaleza tienen un débil
resplandor del Uno.
Imagínate una gran hoguera en la noche, querida Sofía. De esta
hoguera saltan chispas en todas las direcciones. La noche queda
iluminada en un gran radio alrededor de la hoguera; también a
una distancia de varios kilómetros se verá la débil luz de una
hoguera en la lejanía. Si nos alejamos aún más sólo veremos un
minúsculo puntito luminoso como una tenue linterna en la noche.
Y si continuáramos alejándonos de la hoguera, la luz ya no nos
llegaría. En algún lugar se pierden los rayos luminosos en la
noche, y cuando está totalmente oscuro no vemos nada. Entonces
no hay ni sombras ni contornos.
Imagínate que la realidad es una hoguera como la que hemos
descrito. Lo que arde es lo Uno, y la oscuridad de fuera es esa
materia fría de la que están hechos los seres humanos y los
animales. Más cerca de Dios están las Ideas eternas, que son las
formas originarias de todas las criaturas. Ante todo, es el alma
del ser humano lo que es una «chispa de la hoguera», pero
también por todas partes en la naturaleza brilla algo de la luz
divina. La vemos en todos los seres vivos, incluso una rosa o una
campanilla tienen ese resplandor divino. Más lejos del Dios vivo
está la tierra, el agua y la piedra.
Digo que hay algo de misterio divino en todo lo que existe. Lo
vemos brillar en un girasol o en una amapola. Y también
intuimos algo del inescrutable misterio cuando vemos a una
mariposa levantar el vuelo desde una rama, o a un pez dorado
que nada en su pecera. Pero donde más cerca de Dios podemos
estar es en nuestra propia alma. Sólo allí podemos unirnos con el
gran misterio de la vida. En muy raros momentos podemos
incluso llegar a sentir que nosotros mismos somos el misterio
divino.
Las metáforas utilizadas por Plotino recuerdan al mito de la
caverna de Platón. Cuanto más nos acercamos a la entrada de la
caverna, más nos acercamos a todo aquello de lo que precede lo
que existe. Pero al contrario de la clara bipartición de Platón de la
realidad, las ideas de Plotino están caracterizadas por la unidad.
Todo es Uno, porque todo es Dios. Incluso las sombras al fondo
de la caverna tienen un tenue resplandor del Uno.
Alguna vez en su vida Plotino tuvo la experiencia de ver su alma
fundirse con Dios. A eso lo solemos llamar una experiencia
mística. Plotino no es el único que ha tenido esa experiencia. En
todos los tiempos y en todas las culturas ha habido personas
que han relatado tales experiencias. A lo mejor las describen de
distinta forma, pero también se repiten muchos rasgos
importantes en las descripciones. Veamos algunos de estos
rasgos comunes.

viernes, 1 de abril de 2011

Los epicúreos (EL MUNDO DE SOFIA p.161-164)

Como ya hemos visto, a Sócrates le interesaba ver cómo los seres
humanos podían vivir una vida feliz. Tanto los cínicos como los
estoicos le interpretaron en el sentido de que el ser humano
debería librarse de todo lujo material. Pero Sócrates también
tenía un alumno, que se llamaba Arístipo, que pensaba que la
meta de la vida debería ser conseguir el máximo placer sensual.
«El mayor bien es el deseo», dijo, «el mayor mal es el dolor». De
esta manera, quiso desarrollar un arte de vivir que consistía en
evitar toda clase de dolor. (La meta de los cínicos y estoicos era
aguantar toda clase de dolor, lo cual es muy diferente a centrar
todos los esfuerzos en evitar el dolor.)
Epicuro(341-270 a. de C.) fundó alrededor del año 300 una
escuela filosófica en Atenas (la escuela de los epicúreos).
Desarrolló la ética del placer de Arístipo y la combinó con la
teoría atomista de Demócrito.
Se dice que los epicúreos se reunían en un jardín, razón por la
cual se les llamaba «los filósofos del Jardín».
Se dice que sobre la entrada al jardín colgaba una inscripción con
las palabras «Forastero, aquí estarás bien. Aquí el placer es el
bien primero».
Epicuro decía que era importante que el resultado placentero de
una acción fuera evaluado siempre con sus posibles efectos
secundarios. Si alguna vez te has puesto mala por haber comido
demasiado chocolate, entenderás lo que quiero decir. Si no, te
propongo el siguiente ejercicio: coge tus ahorros y compra
chocolate por valor de 200 coronas (4000 Pts.) (suponiendo que
te guste el chocolate). Es muy importante para el ejercicio que te
comas todo el chocolate de una sola vez. Aproximadamente
media hora más tarde entenderás lo que Epicuro quería decir con
«efectos secundarios».
Epicuro también decía que un resultado placentero a corto plazo
tiene que evaluarse frente a la posibilidad de un placer mayor,
más duradero o más intenso a más largo plazo. (Por ejemplo si
decides no comer chocolate durante un año entero porque eliges
ahorrar todo tu dinero para comprar una bici nueva o para unas
carísimas vacaciones en el extranjero.) Al contrario que los
animales, los seres humanos tienen la posibilidad de planificar
su vida. Tienen la capacidad de realizar un «cálculo de placeres».
Un chocolate delicioso es, evidentemente, un valor en sí, pero
también lo son la bicicleta y el viaje a Inglaterra.
No obstante, Epicuro señaló que el «placer» no tenía que ser
necesariamente un placer sensual, como, por ejemplo, comer
chocolate. También pertenecen a esta categoría valores tales
como la amistad y la contemplación del arte. Condiciones previas
para poder disfrutar de la vida eran los viejos ideales griegos
tales como el autodominio, la moderación y el sosiego, pues hay
que frenar el deseo. De esta manera también la calma nos
ayudará a soportar el dolor.
Personas con angustia religiosa buscaban a menudo ayuda en el
jardín de Epicuro. En este aspecto, la teoría atomista de
Demócrito fue un recurso contra la religión y la superstición.
Para vivir una vida feliz es muy importante superar el miedo a la
muerte. Para esta cuestión, Epicuro se apoyó en la formulación
de Demócrito de los «átomos del alma». A lo mejor te acuerdas
de que él pensaba que no había ninguna vida después de la
muerte, porque todos los átomos del alma vuelan hacia todas
partes cuando morimos.
“La muerte no nos concierne”, dijo Epicuro, así de simple. «Pues,
mientras existimos, la muerte no está presente. Y cuando llega la
muerte nosotros ya no existimos.” (Mirado así, nadie se ha
puesto nunca triste por estar muerto.)
El mismo Epicuro resumió su filosofía liberadora en lo que llamó
las «cuatro hierbas curativas»:
A los dioses no hay que temerlos. La muerte no es algo de lo que
haya que preocuparse. Es fácil conseguir lo bueno. Lo terrible es
fácil de soportar.
No constituía ninguna novedad en la cultura griega comparar la
misión de la filosofía con el arte médico. Aquí nos encontramos
con la idea de que el ser humano se tiene que equipar con un
“botiquín de filosofía” que contenga cuatro medicinas
importantes.
Al contrario que los estoicos, los epicúreos muestran poco
interés por la política y la vida social. «¡Vive en secreto!»,
aconsejaba Epicuro. Quizás pudiéramos comparar su «jardín»
con las comunas de nuestro tiempo. También en estos días hay
mucha gente que ha buscado un refugio dentro de la gran
sociedad.
Después de Epicuro muchos epicúreos evolucionan en dirección
a una obsesión por el placer. La consigna fue:«Vive el momento».
La palabra «epicúreo» se utiliza hoy en el
sentido despectivo de vividor.